Si un experto en investigación criminal entrara en un estudio de grabación de una serie policial, seguramente se desesperaría al ver cómo se manejan las pruebas en lo que es una escena tradicional del género. Es muy común observar a un detective que, tras encontrar un arma ensangrentada, la introduce en una bolsa de plástico transparente para lucirla ante la cámara como un héroe. Sin embargo, este gesto destruye la evidencia por completo, ya que el plástico genera un efecto de invernadero donde la humedad y la condensación permiten que las bacterias degraden el ADN en pocas horas. Lo correcto sería utilizar sobres de papel poroso o cajas de cartón que permitan la transpiración del objeto biológico para que la prueba sea útil en un juicio.
Este choque entre el rigor técnico y el espectáculo es analizado por Eva Núñez, novelista de suspense enfocada en el ritmo y el engaño narrativo, y Alfred López, un experto en curiosidades históricas con veinte años de trayectoria que rastrea la etimología de las palabras. Ambos coinciden en que una investigación policial real es un trámite pesado, cargado de esperas burocráticas y papeleo judicial que resultaría aburrido si se plasmara paso a paso. Todo ello nos lo muestran en su recién publicado libro «101 EXPRESIONES de ficción crimina» (Aleva Ediciones).
La cadena de custodia, por ejemplo, exige que cada persona que toca un objeto firme un registro con la hora exacta al milímetro para que la defensa no pueda anular la prueba. Muchos escritores novatos cometen el error del vertido de información, abrumando al lector con detalles técnicos innecesarios; el verdadero talento reside en saber qué partes omitir para no detener el ritmo de la historia.
En el ámbito médico, se utiliza el término éxitus para registrar un fallecimiento en los documentos oficiales en España. Esta palabra viene del latín y significa salida o abandono de la vida. A pesar de ser el término preciso y neutro, las ficciones lo evitan porque el público lo asocia erróneamente con el éxito, lo que supondría un fallo en la comunicación con la audiencia. Del mismo modo, el lenguaje legal está lleno de términos importados que no existen en los códigos locales. La famosa quinta enmienda es un blindaje exclusivo de la constitución estadounidense contra la autoincriminación, y aunque el derecho a no declarar existe en otros países, carece de ese nombre tan rimbombante. El Habeas Corpus tampoco es un conjuro mágico para liberar a alguien, sino una herramienta para llevar a un detenido ante un juez en un plazo máximo, generalmente de setenta y dos horas, lo que genera una tensión dramática de cuenta atrás en las tramas.
El juramento de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad tiene una función legal muy estricta dividida en tres capas. La primera prohíbe introducir hechos falsos; la segunda penaliza la omisión de datos clave que podrían cambiar el destino de un juicio; y la tercera impide al testigo añadir teorías personales o adornos emocionales que no sean hechos demostrables. Por otro lado, la etimología de las palabras criminales actúa como un fósil que conserva la mentalidad de épocas pasadas. La palabra esposas proviene del latín sponsus, sugiriendo que las manillas ataban al preso con la misma fuerza indisoluble que una mujer ataba a su marido en el matrimonio medieval. Los grilletes, que se usan solo para los pies, tienen un origen sensorial debido al chirrido metálico que recordaba al canto nocturno de los grillos.
Existen mecanismos legales que parecen ingenuos pero que esconden una estrategia de control severa, como los formularios de entrada a Estados Unidos donde se pregunta si alguien va a cometer actos terroristas o transportar drogas. No es un cuestionario de honestidad, sino una trampa jurisdiccional: al mentir en un documento oficial, el sospechoso comete un fraude federal automático. Es el mismo método que se usó con Al Capone, a quien detuvieron por evasión de impuestos al no poder probar otros delitos. En la creación de tramas, la regla de la escopeta de Chehov establece que si aparece un objeto en el primer acto, debe ser utilizado posteriormente; para evitar que esto sea predecible, los autores usan pistas falsas (Red Herring) cuyo principal propósito es desviar la atención del lector o espectador. Esto diferencia al género de descubrir quién lo hizo (whodunit) del formato donde ya se conoce al asesino (Howcatchem), como en la serie Colombo, donde el interés radica en ver cómo el investigador rompe la arrogancia del criminal mediante un asedio psicológico. Esta fuerte influencia de las historias producidas en Estados Unidos termina por reprogramar lo que la sociedad espera de la justicia en su propio entorno, ignorando la lentitud administrativa real
Para quienes deseen profundizar en estos términos y descubrir las historias que se esconden tras el lenguaje de nuestras series y novelas favoritas «101 EXPRESIONES de ficción crimina», de Alfred López y Eva Núñez, es una herramienta de consulta indispensable. El libro resulta muy útil tanto para lectores que buscan aprender algo nuevo como para escritores que quieren dar veracidad a sus relatos sin caer en los fallos típicos de la ficción. Es una obra didáctica y muy entretenida que ya está disponible por un precio muy económico para todos los bolsillos. Puedes conseguir tu ejemplar directamente a través de este enlace a Amazon https://www.amazon.es/101-EXPRESIONES-ficci%C3%B3n-criminal-utilizados/dp/B0GW5WMPFN/
