Curiosidad, TDAH y aprendizaje en una charla de Alfred López con María García

Hace unos días compartí un directo de Instagram con María García, especialista en TDAH y creadora de Educa.Tedah, en una conversación que giró alrededor de una idea que me acompaña desde niño. La curiosidad no es una pérdida de tiempo, sino una forma muy eficaz de abrir la puerta al aprendizaje.

María trabaja con personas diagnosticadas con TDAH y también con quienes, sin tener un diagnóstico, reconocen en su vida diaria dificultades para concentrarse, organizarse o controlar ciertos impulsos. Su manera de abordar el tema me parece especialmente interesante porque no se queda en la etiqueta, sino que pone el foco en las herramientas. Entender lo que ocurre ayuda, pero lo que cambia la vida cotidiana es saber qué hacer con ello.

Durante la charla hablamos de cómo la curiosidad puede actuar como una especie de combustible para el cerebro. María me presentó, con mucho humor, como un proveedor de dopamina natural, porque un dato inesperado puede activar la atención casi de inmediato. Cuando algo rompe lo previsto, el cerebro se despierta y quiere saber más. Ahí está una de las claves de mi forma de divulgar desde hace tantos años.

También conversamos sobre por qué una mente inquieta necesita estímulos distintos para aprender mejor. En el TDAH, la atención no siempre responde a la obligación, pero sí puede activarse con la novedad, el interés o la sorpresa. Ahí es donde la curiosidad se convierte en una aliada. Un dato inesperado, una historia breve o una pregunta bien planteada pueden conseguir que el cerebro se enganche a una explicación que, presentada de forma fría, quizá habría pasado desapercibida.

Eso lo descubrí mucho antes de dedicarme profesionalmente a divulgar curiosidades. Cuando era niño, me costaba quedarme con una lección si me la daban como una lista de datos, pero todo cambiaba cuando aparecía una anécdota. No era lo mismo estudiar la Revolución Industrial de memoria que saber que hubo quien creyó que los primeros trenes podían volver loca a la gente por la velocidad. Ese detalle abría una rendija y, a partir de ahí, entraba todo lo demás.

Con María coincidí en que la curiosidad no sustituye al esfuerzo, pero puede hacer que el esfuerzo sea más llevadero. En el aprendizaje, sobre todo en personas con TDAH o con una mente muy dispersa, el primer reto muchas veces no es comprender, sino conseguir que la atención se quede el tiempo suficiente. Por eso las historias, los ejemplos cercanos y los ganchos curiosos no son adornos, sino recursos muy útiles para enseñar y recordar.

También hablamos del lado menos ordenado de una mente curiosa. Buscar un dato puede llevarte a otro, y ese otro a un tercero, hasta acabar de madrugada investigando algo que no tenía nada que ver con el punto de partida. A mí me ocurre a menudo. Para gestionar ese caos utilizo una mezcla de papelotes, archivos, Excel, notas que me envío por WhatsApp y herramientas como NotebookLM, que me permiten buscar dentro de mi propio archivo sin perder horas entre carpetas.

La charla dejó claro algo que quienes divulgamos y quienes trabajan con TDAH saben muy bien. Cuando una explicación despierta interés, deja de ser una obligación y empieza a convertirse en descubrimiento. Y pocas cosas se recuerdan mejor que aquello que nos sorprendió justo en el momento adecuado.